"Entre Tinieblas", (creo), era la única película de Almodovar que no había visto. Una vez digerida, no sé si meterme un tripi, encerrarme en un convento o ponerme una peluca ochentera y cantar un bolero de lo más obsceno, a lo Cristina Sánchez Pascual. Me lo pensaré bien esta noche. Ya veremos. Mientras, brindo con mi copa de vino postrera por lo atrevido, por lo irreverente, por lo divertido. Por Sor Perdida, Sor Estiercol, Sor Rata y Sor Víbora. Por el buen rato pasado. Y porque dios nos pille confesados y con estos pelos, por supuesto.
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viernes, 22 de marzo de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
Val Del Omar (o la mirada del viajero)
“¿Cómo veo la Granada del S.XXI?
Apalancada. En una siesta interminable.” (J.I Lapido)
“…Más yo siento el agua
Algo que me estremece…como aire
Que agita los ramajes de mi alma” (F. García Lorca)
El viajero echó la vista atrás
esta vez
sin convicción ni esperanza,
y vio la ciudad
de fondo
sumida en una siesta inacabada.
Tras un largo deambular
se apartó del camino cansado,
pensativo,
tomó prestada una piedra
como asiento
y dejó que el aire recorriera
libre y redentor
poro a poro de su cara.
SINTIÓ LA VOZ DEL AGUA
-una fugaz banda sonora
en forma de cante hondo-
y al viajero
se le estremeció el alma.
Buscó entonces
debajo
de
las
piedras
y entre los matorrales,
y por fin
el manantial le devolvió la calma.
Tras mojarse
pudo ver su reflejo.
Su mirada era triste
pero el viajero esa noche
pudo soñar, otra vez,
con su AGUAESPEJO.
“¿Cómo veo la Granada del S.XXI?
Apalancada. En una siesta interminable.” (J.I Lapido)
“…Más yo siento el agua
Algo que me estremece…como aire
Que agita los ramajes de mi alma” (F. García Lorca)
El viajero echó la vista atrás
esta vez
sin convicción ni esperanza,
y vio la ciudad
de fondo
sumida en una siesta inacabada.
Tras un largo deambular
se apartó del camino cansado,
pensativo,
tomó prestada una piedra
como asiento
y dejó que el aire recorriera
libre y redentor
poro a poro de su cara.
SINTIÓ LA VOZ DEL AGUA
-una fugaz banda sonora
en forma de cante hondo-
y al viajero
se le estremeció el alma.
Buscó entonces
debajo
de
las
piedras
y entre los matorrales,
y por fin
el manantial le devolvió la calma.
Tras mojarse
pudo ver su reflejo.
Su mirada era triste
pero el viajero esa noche
pudo soñar, otra vez,
con su AGUAESPEJO.
jueves, 14 de febrero de 2013
El "Cabesa" y el "Culebra" dignifican la gran pantalla
Hacía tiempo que no me reía tanto y se lo tengo que agradecer al "Cabesa" y al "Culebra". "El mundo es nuestro" es el "Bienvenidos al norte" español, pero en clave sevillana y con algo más que un guiño a la situación convulsa que vivimos actualmente, en una sociedad cada vez más deteriorada, inmersa en una crisis de valores más allá de cualquier estructura . Es una vuelta de tuerca al neorrealismo italiano, al Azconismo patrio, al surrealismo Berlanguiano o al absurdismo de culto marcado por Jose Luis Cuerda y "Amanece que no es poco". En definitiva, es un soplo de aire puro al cine de verdad, el que nace en el seno de internet, de la gente de la calle, de la diáfana e inmaculada imaginación todavía no desvirgada por el ampuloso brazo de la cultura mainstream . La auténtica vena creativa underground, en bruto, sin aditivos ni conservantes ajenos a los parturientos de la idea. La película, tanto en su continente como en su contenido; en su proceso de creación, producción y distribución, y por supuesto, en la sensación que deja tras ser administrada y digerida, se merece por mi parte un ¡Ole vuestros cojones! Y que siga el mundo así. Nuestro. O por lo menos del que se lo merezca.
jueves, 7 de febrero de 2013
Metamudanza(II)
"Sé que no, no pasó..." (Julio de la Rosa)
Observo
las habitaciones
el salón, el baño.
Todo este frío espacio ahora desalmado
hueco, vacío
y me dejo
llevar por el turbador efluvio
de la última capa de pintura,
por un remiendo al recuerdo
impregnado en estas paredes de amor reseco
-a los es
com
bros del corazón-
a todos los sueños
que no han podido hacerse realidad.
las habitaciones
el salón, el baño.
Todo este frío espacio ahora desalmado
hueco, vacío
y me dejo
llevar por el turbador efluvio
de la última capa de pintura,
por un remiendo al recuerdo
impregnado en estas paredes de amor reseco
-a los es
com
bros del corazón-
a todos los sueños
que no han podido hacerse realidad.
Pienso
han podido ser los mejores
años de mi vida y sonrío
por no llorar.
Por fin logro cerrar la puerta.
han podido ser los mejores
años de mi vida y sonrío
por no llorar.
Por fin logro cerrar la puerta.
Y ya no
me atrevo a mirar atrás.
martes, 8 de enero de 2013
Metamudanza (I)
Son ya muchas
muchas mudanzas, tas.
cues
demasiado equipaje a
Me (des)encuentro cansado,
duermo de pie-en cualquier lado-
y quedo abducido
por un sueño Evangelista,
un homenaje al artista muerto.
Un recuerdo de Aurora.
(Otra cuenta atrás).
Junto todos los pedazos
rotos
esparcidos reencontradosy comienzo la reconstrucción…
Se desquebraja la meta historia,
pero siempre SIEMPRE
S I E M P R Ehabrá alguien que dicte sentencia
(y “los pájaros seguirán cantando”).
Año cero. (Otra vez).
Y creo que me voy para no volver.
martes, 27 de noviembre de 2012
Otra vez Max.
Desayuno de Max. Esta mañana. 8.00 a.m:
Mi amigo Max me informa de que su revista tendenciosa, amarillista y pendenciera, le ha enviado, vía puente aéreo, hasta Barcelona. Durante varios días debe entrevistar a políticos de diversa índole y recoger toda la información posible a cerca de las recién celebradas elecciones allá en ese pequeño país que está en el norte, en una esquinita, apartado, que diría ese anacoreta del siglo XXI llamado Pep.
Miedo me da. Max de política sabe lo mismo que yo de la pasarela Cibeles. Él distingue a los políticos, no por sus partidos o tendencias ideológicas (si las tuviesen), sino por sus peinados, marcas de gafas o formas de vestir. Me da la impresión que su trabajo periodístico va a impregnarse más de Razzmatazz que de Parlament, más del Raval ,Gràcia y Eixample Esquerra (por supuesto) que de Parque de la Ciudadela.
En fin. Estaré al tanto de sus noticias y las haré saber por el Blog y por estos lares. Catalunya, tiembla. Max ya está en El Prat. Se ha bebido dos bloody mary para desayunar, habla y ríe muy alto de buena mañana y no entiende de independencia. Su madre le sigue planchando las camisas y llora a moco tendido, afligido y desolado, cuando su iPhone se estropea. Un caso, oigan. Pero es mi amigo (qué le voy a hacer). Seguiremos informando.
Max escuchaba en sus cascos a Le Tigre nada más poner sus pies en suelo catalán. Le gusta la música adictiva. Entre otras cosas adictivas.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Un buen día
La del teclado de Pin La lá es la que está en el centro de la foto, en la parte de arriba. Del resto del grupo no me pronuncio, por lo menos ahora.
Día duro para mí, este 22 n que acaba de dejarnos. Largo,
duro y sin chiste, que quizá eso sea lo peor. Bueno, no. Lo peor, y hablando
muy en serio, es que lo he aguantado con cuarenta otoños y haciendo una vida
saludable. Manda cojones. Soportar un día así al natural, casi ultra vegano
(mega-guay-de-la-muerte), sin la ayuda inestimable de mi subcomandante Di-o y
su mercancía milagrosa, en otra vida, en otro tiempo, en otro lugar y quizás,
también, todo sea dicho, en otro cuerpo diferente al que ahora pertenezco. Sin
una triste, pero leal y melancólica borrachera. Sin aditivos ni conservantes.
Así, tal cual. Tan soso, vacuo y anodino. Así me he tenido que tragar este
dichoso día.
Al levantarme, fui conocedor por mis heces –que así es la
vida informativa de un vegano ultra- de que Lana del Rey, Cristiano Ronaldo,
Messi y Artur Mas siguen estando bien
cuando salen de mi vientre. Mucho más tranquilo, sabiendo que entonces el mundo
iba a girar hoy sin problemas, leyendo
la prensa me he cerciorado de que Alicia Sánchez Camacho es de letras puras y
que no se sabe maquillar, de que en Camden le van a hacer una estatua a su diva
y otra a su dealer, de que Björk no ha
dedicado su nuevo trabajo, “Bastards”, a ningún político español (palabrita de
gafapastas mayor), de que la Rolling Stones es ya el suplemento del Hola y de que a Israel hoy,
por fin, le ha dado por dejar el exterminio palestino para otra ocasión.
Después, en el trabajo, me he puesto a soñar –no me atrevo a
decir que despierto- y me ha parecido ver a Pérez Reverte, Almudena Grandes,
Paulo Coelho y Ruiz-Zafón llorando a
moco tendido porque un crítico cuarentón los ha puesto a parir, con toda la
razón del mundo, mientras yo quemaba todos sus ejemplares de un Corte Inglés y
ellos agotaban sus billetes de 100 euros, arrugados, acuosos y moqueados. Los
de 50 los habían dilapidado antes en otros menesteres. Bueno, todos menos Coelho, que él los gasta en otras cosillas. Los había donado
a un Centro Comercial especializado en productos budistas y alimentación
vegana.
Cuando he despertado del sueño, ya era la hora de irse a
casa, así que me he desperezado, he mirado con desprecio a los pelafustanes de
mis compañeros y le he dejado una nota taimada a mi jefe, digna de un personaje
ladino, lleno de astucia y bien alejado de la mediocridad del resto, como me
considero, pidiendo un más que merecido aumento de mis honorarios.
Más tarde, tumbado en el sofá, he seguido la palabra de
Fante, me he mirado el ombligo unas cuarenta veces y harto de tanta
veleidad insoportable, he decidido
echarme una siesta tardía.
Como casi empalmo con la hora de la cena, me he visto en la
disyuntiva de pedir doble ración de cerdo agridulce o una triple cheese burguer
con triple de todo, por teléfono. Como
la decisión se me antojaba complicada de cojones, he tirado por la calle del medio
y he encargado ambos manjares. Cuando he terminado la cena me he acordado de
que era ultra vegano, y la verdad, me he sentido fatal. Francamente, muy, pero
que muy mal. He estado a punto de
vomitar y todo. Pero luego me he parado a pensar “y por qué me he hecho yo vegano de las
mil putas”, y me ha venido la mente La Vane, la cajera del Mercadona al que voy
a comprar. Al tontear con ella, me comentó que solo conseguiría llevármela al
catre si me iba ese rollo ultra-mega-guay, ya que ella era militante y no toleraba relación sexual alguna con alguien que no fuese de su misma especie. Yo me
dije “coño con las Yolis… cómo ha cambiado el cuento”, y me tiré al ruedo con
una historieta de tintes ponzoñosos y bastante abyectos por mi parte. Pero la
verdad es que llevaba dos meses sin follar, y la cabeza que pensaba entonces es
la misma que la que lo hace ahora. Es decir, la de siempre.
Bueno, pues que como el recuerdo de La Vane me ha regalado
al final del día una erección de considerable magnitud y la vuelta a mi
realidad omnívora, he recapacitado y fruto de ello, he decidido que mejor me
iba a la cama a dormir, previo post lamentable o libelo antivegano, que siempre
viene muy bien como sesión
relajante y psicoanalítica.
Cansado tras un día arduo e inaguantable, pero menos
estresado gracias a este escrito, y por
supuesto a La Vane, finalizo haciendo resumen de la buena música que he
disfrutado hoy, y de las veces que me he enamorado. Mientras me quedo dormido,
exhausto, casi reventado de tanto esfuerzo vital, repaso mis amores del día; Kirsten Dunst, Noomi Rapace, Leonor Watling,
Sofia Coppola, la del teclado del Prin La Lá… “No está mal”, susurro entre
resoplidos(y algún conato de ronquido). No he visto meter un gol a Mendieta
realmente increíble, ni me ido con Erik a meterme cuatro millones de rayas,
pero ya, entre sueños, sonrío y grito, “ha sido un buen día, ¿Verdad, Jota?”.
Buenas noches.
viernes, 16 de marzo de 2012
Si bebes no la cagues (y VII). Epílogo.
Este es el The End de la historia
(Días después de cometer la estupidez)
Uno, a veces (veces como esta por lo menos), se pone en modo mindmen y es entonces, cuando fumando
la calada del pensamiento definitivo, se da cuenta de que necesita un trago
para consumar ese complejo momento de cavilación, ese instante de soledad e
introspección, ese intervalo que separa al ser vivo del ser humano. Un examen
de conciencia secular, lego, apegado a la tierra, sin necesidad de coronar
mundos celestiales para alcanzar deidades y omnipotencias.
¿Quién necesita religiones, taladradoras dogmáticas o salvadores
de la patria para tan extraordinario ejercicio, teniendo la dosis de soledad
precisa y preciosa, un paquete entero de
lucky y una botella de Emilio Moro recién
descorchada?
Uno, que es muy dado a la película, al drama colosal y a la
componenda lenta, bucólica, parsimoniosa y fotográfica, se sirve una copa de
vino del de sumo retrogusto. Vino de temple, de sabor profundo, de paladar
áspero y recuerdo indefectible. Un vino de los que invita al ejercicio de la batida
interna, a la búsqueda de la verdad recóndita de nuestro YO más certero.
Como uno, a veces (muchas), es duro de caletre y no logra
centrarse con facilidad en tareas de tanto fundamento, termina la botella de
vino sin haber ahondado demasiado en el asunto y se sorprende de que apenas le
queden un par de cigarros en la recámara. Uno se da cuenta. Es algo que no se
le escapa ni al menos observador del universo. Se ha emborrachado de nuevo y no
ha solucionado ni los “qué” ni los “porqué”, ni las causas ni los efectos, ni
las razones ni los sentimientos, ni las carencias ni los excesos.
Es cuando entre la vigilia y el sueño, con la canción Machu Picchu de fondo (todavía no le he
encontrado sentido a la coincidencia, la casualidad o la causalidad), sin
necesidad de encontrar una montaña a la que subir, uno se da cuenta de que la
llanura también puede ser reconfortante. ¿Es eso resignación? No creo. Uno no
puede perder el partido si ni siquiera ha empezado a jugarlo.
Es curioso como uno, muchas, muchas veces, necesita emanciparse,
abstraerse, evadirse en definitiva, de la realidad, drogando su conciencia para
que precisamente ésta realice su labor. En estado de sobriedad, sin embargo, se
escabulle y se refugia entre el yo colectivo, el rebaño mediático y la soledad
compartida, entre la muchedumbre que roe y roe corazones y conciencias.
Ahora pienso en Daniela. Tumbado en el sofá sonrío su recuerdo a
través de la foto que encontré el otro día, entre las páginas de un libro de
poemas de Joan Brossa (siempre me hizo mucha gracia). Pienso en su felicidad y
en lo mucho que la quiero y en lo necesario que era alejarme de ella para dejar
que escalara su montaña. Sin rémora. Sin exceso de equipaje. Sin alguien que
anhele más su soledad que a ella misma. No sé si algún día me perdonará.
Pienso en mi desdoblamiento con Max, en mi reflejo al otro lado
del espejo, en su estúpida sonrisa, arrogante y altiva, en la momentánea
necesidad de sentirme otro, mientras acepto al dueño de mi cuerpo. Pienso en
fumarme el penúltimo cigarro, en abandonar el miedo que a veces me invade al
sentirme feliz estando solo, en dormir de un tirón, en no soñar de una vez con
nada ni con nadie. Pienso en que mañana, por fin, debo empezar a ser yo.
viernes, 9 de marzo de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
El esperpento de mi barrio. Dionisio, el clembuterol, el Metadonna, la profe buenorra y el pelirrojo indomable.
El Dionisio, un camello muy risueño de madre vietnamita.
Vengo un poco dubitativo y contrariado de la calle. Esta puta incertidumbre que se cierne sobre mí como un banquero ante su próximo embargo, es culpa exclusiva de Dionisio, el camello del barrio. Regresaba yo de mi compra semanal en el Metadonna y el Di-o, como le llaman por aquí a este capullo desdentado, me ha asaltado en la esquina del colegio (su hábitat natural cuando no está en el Félix tomando cañas o Larios con pessi).
- Shhh.. eh, veshino, mira la merca que me he agenciado...
- Di-o, tío, que voy muy cargado ahora; déjalo...
- Que no, que no, compadre, que esto es diferente. Te va a molar fijo. Ya sabes que el Dioniosio no te engaña.
- Bueno, eso lo podríamos discutir tú y yo, porque acuérdate cuando te pedí lo de la fiesta de fin de año...
- Calla, calla, eso son pollas en vinagre... Esto si que es gloria bendita y no la mierda de siempre - Mientras me quitaba la palabra de la boca, como de costumbre, me ha mostrado un frasco de plástico con unas píldoras de color bermejo, muy sugerentes, llamativas, casi irrenunciables.- Qué...qué me dices...-
- ¿Qué coño es eso?
- Clembuterol, tío. Puro y duro. Lo mejor que puedes pillar en toda la ciudad.
-¿Qué? Pero que haces tú con ... Además es Clenbuterol, con ene...
- Eso será en inglés, cara haba, y aquí estamos en España, ¿entiendes? Cuando te juntes con toda la peña esa de gafapastas y listillos, con la que estás todo el día onfair, obcors, y todas esas mariconadas, hablas como quieras, pero aquí, con el Di-o, en espanich.
- Bueno, lo que tú digas, pero ¿de dónde lo has sacado?
- Pues nada... Ha pasado un ciclista a toda hostia, que bajaba de cumbres verdes, y como si fuera un avituallamiento de esos del Tour, me ha pasado la merca a cambio de un gramo de farlopa y una bolsa de maría de tercera generación. Decía que ahora le venía mejor para no sé que cojones de carrera...
- No me jodas...
- Pues sí... Es lo que tiene estar tan bien situado. Qué te voy a contar... Venga, el bote con 60 pirulas por cincuenta napos...
- Sólo llevo treinta.
- Cuarenta y salgo perdiendo...
- Toma los treinta... y cinco que llevo suelto, y te jodes, que me debes la vuelta de la otra vez...
- Hijo puta el poeta, cráneo privilegiado...
- Eh, ¿y tú cuando has leído eso?
- Lo qué...
- La sinécdoque del borracho en Luces de...bueno, mira, da lo mismo.
- Si, porque dices unas gilipolleces que ya te vale, á-eh.
- Toma, el puto dinero, que me largo.
- Espera, vamos a fumarnos un canutillo para despedirnos, ¿no?
Ha sacado un chivato lleno de marihuana, se ha liado un porro en menos de diez segundos con la mano izquierda, lo ha encendido y me lo ha pasado tras darle una calada tan vehemente como abominable. La maría estaba de cum laude y me he ido dando tumbos con mi bolsa de la compra semanal y el bote con pastillas de colores.
Antes de abrir el portal, una ráfaga de viento fresco, proviniente de la Sierra, ha sorprendido al cretino de Dionisio, y todo el contenido del chivato ha salido volando en dirección al patio del colegio de primaria, ante el alborozo de varios críos de seis años que estaban apostados en la verja de la entrada. Uno de ellos, pelirrojo y cabezón, ha sacado un mechero de su bata comida de mierda y ha comenzado a gritar no se qué de una rave...
El niño pelirrojo, pasó de la señorita Mercedes y organizó una rave histórica en el recreo. A partir de entoces sólo responde al nombre de Pete-rojo Doherty. El ministro Wert tiene un grano en el culo con este niño.
El caso es que ahora, mientras se oye desde mi casa el if you want to be a bird, entonado por los niños de primero "B" junto a su señorita Mercedes, la seño buenorra, y una fogata impregnada de olores envolventes, me siento bastante desconcertado (y colocado, en ayunas) con el bote de clembuterol (en español) postrado en la encimera de la cocina, justo delante de mi.
Tengo la sensación de haber perdido treinta y cinco euros. Me duele la cabeza. Los niños cada vez gritan más fuerte y la seño Mercedes, la buenorra, parece desbocada. No tengo bici. No hago deporte. Y la bolsa del Metadonna está chorreando. Los huevos, como de costumbre, se me han chafado. Fijo.
martes, 7 de febrero de 2012
Como la vida misma
"¿Por qué hasta las piedras se rompen ..?
¿Por qué lo llevamos tan mal ..?"
(Julio De La Rosa)
Dura bella a veces
Dura dura
enfermiza alegre delirante espesa difusa
hija de perra insoportable áspera dolorosa
Dura dura
enfermiza alegre delirante espesa difusa
hija de perra insoportable áspera dolorosa
dulce suave agradable
odiada/amada aborrecida/deseada
i n o l v i d a b l e
Puta bella a veces
Puta puta
Pero siempre indefectible
necesaria
a pesar de todo
odiada/amada aborrecida/deseada
i n o l v i d a b l e
Puta bella a veces
Puta puta
Pero siempre indefectible
necesaria
a pesar de todo
El anzuelo (Julio De la Rosa)
viernes, 3 de febrero de 2012
UN POEMA DE RAYMOND CARVER TRADUCIDO POR ROGER WOLFE
Visitando a Manuel Vilas (con ese, coño), me he topado con este poema de Raymond Carver, que no he dejado de leer desde hace un buen rato. Manuel, aparte de ser de su puta madre y de puta madre, como le menta Mal-herido, o ser el precursor de un nuevo género literario, la Literatura de la Buena Gente, según la chica Luna, siempre está dispuesto a hacer regalos muy especiales.
MIEDO
Miedo de ver un coche de la policía pararse delante de casa.
Miedo de dormirme por la noche.
Miedo de no dormirme.
Miedo de que resurja el pasado.
Miedo de que el presente emprenda el vuelo.
Miedo al teléfono que suena en medio de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo a la mujer de la limpieza que tiene un grano en la mejilla.
Miedo a perros de los que me han dicho que no muerden.
Miedo a la ansiedad.
Miedo de tener que identificar el cadáver de un amigo.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener demasiado, aunque la gente no se lo crea.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo de llegar tarde y miedo de llegar el primero.
Miedo a la letra de mis hijos en un sobre.
Miedo de que mueran antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo de tener que vivir con mi madre en su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo de que este día acabe con una nota triste.
Miedo de despertarme y ver que te has ido.
Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que amo tenga consecuencias fatales para aquellos a
los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo de vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Eso ya lo he dicho.
Miedo de ver un coche de la policía pararse delante de casa.
Miedo de dormirme por la noche.
Miedo de no dormirme.
Miedo de que resurja el pasado.
Miedo de que el presente emprenda el vuelo.
Miedo al teléfono que suena en medio de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo a la mujer de la limpieza que tiene un grano en la mejilla.
Miedo a perros de los que me han dicho que no muerden.
Miedo a la ansiedad.
Miedo de tener que identificar el cadáver de un amigo.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener demasiado, aunque la gente no se lo crea.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo de llegar tarde y miedo de llegar el primero.
Miedo a la letra de mis hijos en un sobre.
Miedo de que mueran antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo de tener que vivir con mi madre en su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo de que este día acabe con una nota triste.
Miedo de despertarme y ver que te has ido.
Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que amo tenga consecuencias fatales para aquellos a
los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo de vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Eso ya lo he dicho.
viernes, 27 de enero de 2012
Poesía en libertad condicional
By Zireja
¡¡Qué divertido lo que escribo
cuando estoy aburrido!! (Antònia Font)
Puedo escribir en la penumbra
o con el haz de luz que penetra horizontal inviolable
sin permiso
como siempre por la ventana de la cocina
puedo hacerlo mientras se masturba
la vecina de enfrente mientras la espío
y recuerda
otro lugar y otro tiempo y otra vida diferente
puedo escribir observando
las sombras que habitan en mi habitación de nuevo
puedo hacerlo en rojo como siempre
a lápiz como antes o en mayúsculas
como nunca
puedo escribir en las paredes y de paso
puedo subirme por ellas puedo puedo
en papeles rotos servilletas usadas retretes públicos
en mi frente en tu cara en la luna
en sueños encima enseguida
en tu casa o en la mía
puedo escribir sin permiso por cojones por desidia
puedo encontrarme con la disyuntiva escribir o no escribir
pero al final termino escribiendo
discursos opiniones versos delirios canciones
estupideces
puedo escribir ME
puedo escribir TE
puedo dejar de hacerlo
y podría
lunes, 23 de enero de 2012
Si bebes no la cagues (VI)
El segurata que quería ajusticiarme, en una instantánea previa a su primera comunión. Más tarde, el buen chico decidió pasarse al lado oscuro.
(El momento justo de la estupidez y sus inmediatas consecuencias).
En ese momento, sin ninguna explicación racional más allá que la puramente lisérgica, me levanté del suelo como pude, quiero imaginar, y casi todo ocurrió como a cámara lenta. Mejor dicho, todo lo que me rodeaba, incluidos Max, el negro 2x2 y la supercani tetona-traidora, iba a un ritmo estándar, como los vinilos de 33 rpm, mientras que yo, envuelto en una extraña, pero increíblemente agradable nebulosa, me cagaba en dios a 45, e incluso 78 rpm. Me sentía etéreo, volátil, sublime y muy por encima de todos los allí presentes. Podría haberles cagado desde mi gloria de las alturas, esparciendo mi legado pseudomoral a través de una lluvia escatológica sin parangón. Podría haberme convertido en el puto neoNeo, en una especie de Robin Hood con forma de ninja justiciero, repartiendo hostias como panes entre todos los quinquis pastilleros, gañanes y paletos; todas sus novias yolis, putones de barrio con anhelos de putón de reality televisivo; el segurata, negro, zaíno, de padre bragado y a punto de ser astifino, de 130 kl, que quería partirme las piernas y el careto; la gorda de su novia, embaucadora, maquiavélica e hija de la gran puta; e incluso entre el grupo de intelectualillos, reivindicativos de lo obvio, encabezado por el subcomandante para esos menesteres, Maximiliam.
Podría haber hecho todo eso y mucho más en el estado en el que me encontraba. Pero justo al levantarme, tras oír el graznido de Max, observé como éste me hacía claramente la señal de los alicates (haciendo una especie de tijera con los dedos índices), que habíamos aprendido hacía años, en el instituto, para otros fines porculeriles de adolescentes. Sin más dilación, el inconsciente amanerado le propinó una patada en los cojones al gigante negro y a toda velocidad se agachó tras él, agazapado como una tortuga asustada. Sin pensármelo dos veces, hice gala de una exquisita técnica en aquel juego infame de niñatos abúlicos; le di un empujón con todas mis fuerzas al Shrek moreno, que se quejaba, haciéndome una especie de reverencia dolorosa, y Goliat fue derrumbado al desequilibrarse con un "objeto", deliberadamente arrodillado y protegido. Tras el batacazo, volví al mundo de la velocidad "real".
Con nuestra victima en el suelo, cogí los abrigos y salí corriendo, abriéndome a golpes y codazos entre la muchedumbre.
- ¡Vamos Max! ¡¿A qué esperas, coño?!
Miré hacia atrás fugazmente mientras gritaba. Entre luces rojas, verdes y moradas, y destellos intensos de claridad producidos por barras de leds blanco puro, precedidas de unas décimas de oscuridad, me pareció ver como Max le daba otras dos patadas en los huevos al negrazo, aprovechando la situación desguarnecida de un tío tan grande en el suelo, todavía aquejado del primer impacto, seco, fulgurante y efectivo (Max siempre había sido un maestro en lides de pateamiento). También observé como se agachaba y cogía algo, pero como una bala se puso a mi zaga. Salimos de la Cosera corriendo como auténticos keniatas en un mundial de cross y no giramos la cabeza durante un buen rato.
Cuando los pulmones no dieron más de sí y la saliva me supo a sangre, paré de golpe. Estábamos a más de un kilómetro de la sala y nos habiamos perdido entre un maremágnum de callejuelas, que eran totalmente desconocidas para mí. Miré hacia todo los lados. No había nadie, no parecía que nos hubieran seguido hasta allí. Max se paró también, nos miramos al mismo tiempo, en silencio, con las caras casi desencajadas del esfuerzo y de la tensión vivida, y de pronto, al unísono, empezamos a reírnos como salvajes, añadiendo a las carcajadas algún que otro grito, que denotaba alivio, alegría a borbotones y restos de la adrenalina consumida.
Nos encendimos un cigarro y lo disfrutamos más que si hubiéramos echado un buen polvo. No nos decíamos absolutamente nada. Sólo fumábamos felices, inhalando el humo de la victoria. Estábamos deleitándonos con el momento, lo viviamos con todos nuestros sentidos a flor de piel, y en ese instante nos sentimos invencibles. Los putos amos del mundo. Pocas veces en mi vida he tenido una sensación similar a la experimentada en ese oscuro callejón, alejados de todo el ruido, apoyados en un Seat Ibiza rojo, mientras el lucky se consumía al son de nuestra sintonía muda. En silencio es como mejor se asimilan los grandes triunfos. Esa misma noche estaba siendo consciente de ello.
- ¿Qué es eso? - Pregunté. rompiendo el momentazo, cuando ví a Max sacarse una especie de cartera de cuero muy usado.
- Nuestro fin de semana subvencionado.
- ¿Qué?... ¿Qué quieres decir con...? No, no habrás sido capaz... ¡Hijo de puta!, dime que eso no es...
- ¡La cartera del segurata cabrón! - Vociferó Max, mientras reía de nuevo como un poseso- Mira tío, 300 napos llevaba el muy bastardo... y marihuana... parece buena, a ver como huele... umm... ¡Pura vida, hermano!- Me dijo, emulando a Denis Hopper en Easy Rider.
La noche continuó siguiendo las directrices maxistas, es decir a full, sin contemplaciones y sin demasiada coherencia ni templanza, hasta que nos fundimos practicamente los 300 euros y la bolsa de maría, alternando algún viaje a los lavabos de La Terna, y posteriormente de la Bonney. Fue una noche gloriosa. Una gran fiesta en la que los protagonistas absolutos fuimos Max y yo. Todo lo demás nos daba lo mismo. Recuerdo vagamente ser feliz, olvidar la pose de chico atormentado y disfrutar como un crío de aquel momento.
Sé perfectamente que se lo debo a Max. Puede que lo necesite. Puede que incluso llegue a quererlo un poco. Algún día.
(Continuará... para terminar ya, de una vez)
domingo, 15 de enero de 2012
Tarde de enero, gris, tendiendo a la oscuridad. Lluviosa. Perfecta para el recuerdo.
La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Que sin duda sucede en el pasado.
(Jorge Luis Borges)
Buscando en el pasado imágenes para un amigo que se va muy lejos.
Rascando el corazón para dejarlo en carne viva.
Observando las gotas de lluvía deslizándose por la ventana de los recuerdos.
Así paso esta tarde
tarde gris de domingo
domingo de enero.
sábado, 14 de enero de 2012
Si bebes no la cagues (V)
Esta fue una de las últimas imágenes que pasaron por mi mente, antes del fatal desenlace con el negro 2x2.
(Justo un momento antes de cometer la estupidez)
Caminando alegremente con mi gorda tetona, las dos birras y un cover de
Two Doors Cinema Club bastante bueno, sonando a todo volumen, sentí como
fluctuaba por la sala bailando de forma arrítmica, como de costumbre, mientras
estrujaba hasta la última gota de ese momento de felicidad, que colmaba
cualquier expectativa previa de la noche (si es que había concebido alguna, más
allá que la de no recibir cien llamadas de Max diciéndome que fuera ya de una
vez, o la de bajar al Mercadona a comprar cerveza, tras confirmar que la nevera
estaba vacía).
Mi levitación vía carpe diem, de procesión a los lavabos, se vio
truncada de golpe y porrazo por un “chico” negro de proporciones desmesuradas que
no entraba en los márgenes de mi visión, ni con Full HD 1080p instalado. El
negro mastodóntico tenía un cuello en el que se podía hasta torear y sus musculadas
mazas no hacían augurar nada bueno para la integridad de mi cara. Del empujón
que me dio (para empezar a hablar) por poco me incrusta en la puerta de los
servicios de las chicas (cosa que probablemente no hubiera estado nada mal).
-
No lo mates Toni, no lo
mates… -Gritaba la
gorda, con una compasión de palo, que no convencería ni a Bigas Nula obnubilado con sus mamellas (Ahí lo empecé a ver todo
muy, muy negro. Sin coñas.).
-
Al soplapollas este lo
machaco aquí mismo. No voy ni a sacarte a la calle… ¡¡Qué coño hacías con mi
chica?! ¡¿Quién cojones te crees que eres?!
-
No…No es lo que parece –Balbuceaba penosamente
ante un corro de unas veinte personas, mientras me derramaba media cerveza
encima para hacer la escena un poco más patética-
Yo no sabía…
La perraca de la Cani había discutido al principio de la noche con su novio,
el armario empotrado, y quiso darle celos. A un tío, que por menos de media
palabra de aliento ya te miraba armando el brazo para reventarte a ostias. Sabía
bien lo que se hacía la muy… No le importaba lo más mínimo el desgraciado de
turno al que mandara su Tyson poligonero al hospital. Hija de puta.
En ese momento no tuve nada de miedo. De repente, sería por arte de
magia o bien por la cantidad de alcohol y pirulas que llevaba en mi cuerpo, el
caso es que esperaba con una calma incomprensible que me dejaran hecho un
guiñapo. No me importaba la imagen que estaba dando al personal que se iba
multiplicando alrededor, y menos aún a la repelente cuadrilla de Max. Casi que
me creía Bruce Willis (con lo que lo detesto), ensangrentado, jodido y en las
últimas, encendiéndose un cigarrillo con sonrisa socarrona, gastando barba de
cuatro días, desaliñado, pero con un toque de hombre-hombre de esos que ya no
quedan, mientras movía la cabeza al son de la música de los Two Doors Cinema
Club. No me vinieron imágenes de mi vida, esperando el fatal desenlace (exageraría),
pero sí de las últimas ocho cervezas y de los cuatro culos que habían hecho casi
descoyuntarse mi cuello esa misma noche.
-
¡Hijo puta, cabrón! – Esa voz me era familiar. Mi ángel de la guarda
afeminado había venido al rescate y yo mientras, contra pronóstico, disfrutaba
de aquel instante. Benditas sustancias prohibidas…
(Seguirá…)
jueves, 12 de enero de 2012
Fartlek punk
No future
Nací mañana. Moriré pasado.
(Juan V Piqueras)
Hoy pasaba
y pasaba lento
anodino D e s e s p e r a n t e.
Una llamada imprevista puede cambiar el ritmo del día.
Es y de pronto fue y sin saber porqué
ya nada será lo mismo.
lunes, 9 de enero de 2012
Si bebes no la cagues (IV)
Una Coixetoamiga** de Max. No todas son así de sexis, más bien todo lo contrario; pero adjunto la menos recalcitrante y la que más me pone.
(Sigue de unas ocho horas después de cometer la estupidez...)
Al salir del reconfortable cuarto de baño
de Max, tras desordenarle todos los potingues y chuminadas de marras, tal y
como mandan los viejos cánones de mis visitas, me dispuse a desayunar lo que me
había preparado el buen samaritano de mi amigusilla*.
- ¡¡Maximiliano!! -Le cabreaba
enormemente que le llamara así (y por eso lo hacía). Le recordaba a sus padres,
cuando le echaban las crueles broncas que tanto rememora cuando está
melancólicamente borracho. La bramada ¡Maximiliano Gutiérrez Castillo!
era el preludio de un marronazo padre (y/o madre) y de varias tardes de severos
castigos. Algo parecido ocurría cuando El Padre Urdaci, su tutor en los
Escolapios, lo llamaba a filas de la misma guisa para alguna cabronada de cura
amargado. A Max no le gusta demasiado hablar de su infancia, es más, suele
omitir todo lo que puede cualquier circunstancia que le aconteciera antes de
los quince años, tierna edad a la que Maximiliano Gutiérrez Castillo
desapareció del mapa y prorrumpió, como de otra galaxia, el Max a secas que
conocí hace ya veinte años casi, conocido también por sus coixetoamigas y
amigusas**, como Maxi o Maximiliam. Bueno, el caso es que el adolescente
Guti, como le llamaban los pajilleros alelados de su clase, un buen día decidió
que estaba ya cansado de toda esa mierda de educación decimonónica, de padres
biológicos y padres con sotana, y aprovechó una beca para irse a Londres a
acabar el bachillerato en un college de mucho prestigio, moderno que te cagas y
laico. Sobre todo muy, pero que muy laico. Sus padres no las tenían todas
consigo, pero las magníficas notas de su hijo, el afán competitivo que le
habían inculcado, el aprendizaje de idiomas y la cuantía económica de la beca,
fueron motivos más que suficientes para convencer a los Gutiérrez (ya estaban
hechos a lo anglosajón). Y dejaron volar a su polluelo. De su estancia en
tierras inglesas adquirió cierta estética mod, con ciertos ramalazos traspunk y
otros tantos que ya llevaba de fábrica y que allí se acrecentaron, hasta
dilatarse del todo.
-¡Maaaaaxiii!...- Grité de forma tan desagradable que mis
sienes, estuvieron a punto de estallar, y me resonaron de golpe los excesos de
la noche. Max no estaba. Me había dejado un desayuno digno de un hotel de lujo.
Desde luego para estos detalles era único, el mejor. Aparte del paracetamol,
había cortado la fruta que más me gustaba en trozos de bocado, como me gustaba;
zumo de naranja bien fino y pasado, como me gustaba; café, leche, azucar
morena, como me gustaba; y unos panecillos recién hechos con tomate restregado
y jamón, como me gustaba. Qué cabrón. Es para quererlo; como a él le gustaba.
Mientras engullía como un poseso, leí una nota que Max me había dejado en la
mesa de la cocina, en una hoja morada, escrita con rotulador fino verde y
corazones en vez de puntos en la íes (son las cosas que tienes que aguantar
con él si quieres desayunar a cuerpo de rey):
Guapetón, que te aproveche el desayuno.
Me acaban de llamar y tengo que irme a cubrir la baja de
una compañera de forma urgente. Se trata de una entrevista a Javier Marlén,
¡¡uuuuhhhhh!!, debe ser mi día de suerte, con el morbo que me da el cacho
perraco... Ya me podía dar a mí un repaso a lo Majón, majón, ¿no crees? Por
cierto, luego te llamo para tomarnos unas cañas, y hablamos de tu affeire con
Tetazas woman y del negrito con dos
cuartas de pescuezo... a-há... e invito yo, of course...a-há...
Besitos. Max, El Justiciero empastillado.
Me reí un momento hasta que recordé a la
gorda... y joder, al negro de 2x2, madre mía, se me había olvidado por
completo.... (Sonó el móvil y por unos instantes se me pasó la angustia que
había empezado a viajar por mi estómago).
Sms de Daniela. Perdona, creo que fui
un poco arisca contigo el otro día. Pero no es posible que seamos amigos.
Espero que te vaya todo bien (añadiendo igualmente un emoticono absurdo, de
esos que pretenden usurpar las palabras y emular un gesto humano, en su mayoría
falso, forzado. Hipócrita).
Todo bien. Qué generalización más
absurda. Que me vaya bien, qué, ¿el trabajo? ¿mi vida sexual? ¿mi vida
sentimental? Y qué más... ¿Que gane mi equipo todos los domingos? ¿que me toque
la loteria de Navidad? ¿que descubran este año un jarabe que elimine la
alopecia en una noche? Pues eso. Que me vaya bien todo. Vaya una mierda de
despedida. Prefiero que me manden a tomar por culo. Es más creible, y casi que me
dejaría mejor cuerpo.
Los sms son un invento diabólico. Es más,
si vas borracho pueden provocar verdaderas hecatombes. Ripios excesivamente
intimistas, bochornosamente románticos. Palabras indignas desde la embriaguez,
que salen de un exceso alcohólico-digital, de un tecleo gratuito. Casi
indecente. Debería estar prohibido mandar sms en según que circunstancias. Y
penar con carcel la reiteración, incluso.
*: Amigusilla; amigo sarasilla.
**:Coixetoamiga; amiga de Max, amante en cuerpo, estética y alma de Isabel Coixet.
Amigusa; amigo sarasa de Max, amante en cuerpo, estética y alma de Maxi o Maximiliam.
Tras leer el sms, encendí la tele y me encontré con El Columpio Asesino. Se me quietaron todas las tonterías. Y lo flipe un rato.
sábado, 7 de enero de 2012
Otra vez Soledades Compartidas
¿Adivinad quién soy yo?
ERRANTE (Canción Mutante)
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